viernes, 26 de mayo de 2017

Hernando del Pulgar, Claros varones de Castilla

Antonello da Mesina, Retrato de desconocido
|  PDF  |  EPUB  |  MOBI  |

Escribe Antonio Domínguez Ortiz: «Hernando del Pulgar (1436-1493) fue… un hombre a caballo entre dos épocas, entre dos reinados, pero más volcado hacia el de Isabel y Fernando. Su condición, casi segura de descendiente de judíos conversos no le perjudicó en el concepto de aquellos monarcas, que utilizaron sus servicios como embajador, secretario y cronista. Aunque no dejó obra latina, estuvo familiarizado con los clásicos; es sobre todo, notoria la huella de Tito Livio en su Crónica de los señores reyes D. Fernando y Doña Isabel, tanto en la distribución del relato como en la inserción de fingidas arengas en las que se mezcla el arte oratorio con la historia propiamente dicha. La Crónica se detiene en 1490, dos años antes de la caída de Granada. Otra obra de Pulgar que gozó de merecido renombre es la colección de biografías titulada Claros varones de Castilla, retrato directo y agudo de 24 personajes del reinado de Enrique IV, para el que constituye una fuente de gran valor.»

El mismo Pulgar explicita sus objetivos en su dedicatoria a Isabel: «Yo, muy excelente reina y señora, criado desde mi menor edad en la corte del rey vuestro padre, y del rey don Enrique vuestro hermano, movido con aquel amor de mi tierra que los otros ovieron de la suya, me dispuse a escrebir de algunos claros varones perlados y caballeros naturales de vuestros reinos, que yo conoscí e comuniqué, cuyas hazañas e notables fechos, si particularmente se oviesen de contar, requería facerse de cada uno una grand Historia. Por ende brevemente con el ayuda de Dios escrebiré los linajes e condiciones de cada uno, e algunos notables fechos que ficieron: de los cuales se puede bien creer que en autoridad de personas, y en ornamento de virtudes, y en las habilidades que tuvieron, así en ciencia, como en armas, no fueron menos excelentes que aquellos griegos e romanos e franceses que tanto son loados en sus escripturas.»

Y es que nos adentramos en una época en la que el héroe, el político, el que emprende empresas aventuradas, no se ocupa sólo en hacer, sino en dejar memoria de lo que ha hecho: «otra vida más larga / de la fama gloriosa / acá dejáis, (aunque esta vida de honor /tampoco no es eternal / ni verdadera); / mas, con todo, es muy mejor / que la otra temporal / perecedera.» Ambición explicable que en ocasiones llevó a muchos personajes y personajillos a pre-ocuparse de su memoria, a construirse su fama futura; lo que siempre parece más inocuo que la moda actual de construir un falso pasado ―benigno o maligno, tanto da― que desemboque necesariamente en el falso presente que me interesa imponer a los demás. Pero falta mucha razón de estado, muchas luces, muchas grandilocuentes invocaciones para llegar a mil novecientos ochenta y cuatro.

Ahora, postrimerías de una época y umbral de otra nueva que la continúa, fines del siglo XV, Hernando del Pulgar todavía nos transmite con admiración un puñado de vidas memorables, es decir, dignas de recordar, pero que no nos exige que las consideremos modélicas. Y, además, hace hincapié con naturalidad ―otro signo de tiempos nuevos (o de su continuidad)― en su diversa procedencia social: aristocracia, meros hidalgos, campesinos y judíos. Todos ellos merecen la fama, los de altos linajes y los de linajes bajos, porque «hay dos maneras de linajes en el mundo: unos que traen y derriban su descendencia de príncipes y monarcas, a quien poco a poco el tiempo ha deshecho, y han acabado en punta, como pirámide puesta al revés; otros tuvieron principio de gente baja, y van subiendo de grado en grado, hasta llegar a ser grandes señores. De manera que está la diferencia en que unos fueron, que ya no son, y otros son, que ya no fueron.»

1 comentario: